“María es y seguirá siendo Luz de nuestra esperanza.”
Con el corazón lleno de alegría y gratitud por la hora de cielo vivida el reciente 5 de septiembre, quisiera agradecer en primer lugar a nuestra Mater y a nuestro Padre Fundador, por haber estado presentes de manera tal concreta y palpable entre nosotros, y habernos regalado tanta luz ese día, de principio a fin.
Cuando comenzamos a pensar en esta celebración Jubilar nos hicimos la pregunta: ¿Qué queremos celebrar y qué quisiéramos que pasase?
Primero respondimos que queríamos celebrar con todos el regalo de la vocación, del llamado de Dios a consagrar nuestras vidas por entero a Él en Schoenstatt; y expresar también nuestra gratitud a la Mater por la misión confiada a través de nuestro Padre Fundador; su audacia y generosidad al dar el sí a esta inspiración del Espíritu Santo, y su fidelidad a lo largo de este primer siglo de existencia.
Queríamos celebrar con todos, porque nuestra vocación no se entiende sin Schoenstatt, somos parte de esta gran Familia espiritual y por eso esperamos también que fuera un encuentro de Familia, que nos pudiéramos experimentar así, en torno a la Mater, que los que vinieran se pudieran encontrar con Ella y en Ella, entre nosotros.
Y creo que así fue, todo ello sucedió a la sombra de nuestro Cenáculo... “¡Gracias por todo Madre, todo te lo agradezco de corazón...!”
Gracias a cada uno por acompañarnos desde tantas partes, y algunas realmente lejanas; gracias por tanto cariño, por cada oración y saludo, por tantas, innumerables ayudas recibidas de todo tipo, antes y durante la fiesta.
Haber celebrado estos 100 años con una vivencia tan hermosa no es solo una alegría indecible, sino también un llamado y compromiso a renovarnos en nuestra misión de ser cada vez más María, amar y entregarnos a Schoenstatt en los próximos 100 años de existencia.
Estas palabras fueron compartidas también en la Revista Vínculo.
