Voces del Jubileo
Testimonios que quedan en el corazón
Testimonios de peregrinos, comunidades y miembros de la Familia de Schoenstatt después de la celebración jubilar de los 100 años.
Voces con nombre
Siempre ha habido una hermana en mi vida. Lo que más destaco de ellas es su acogimiento y esa alegría que las caracteriza, con la que demuestran su amor a Dios y a la Mater; hablar con una hermana siempre te deja el corazón lleno.
Quiero agradecerles de corazón por su entrega constante, su linda vocación dentro del movimiento y por ser, siempre, una guía para todos.
¡Muchas felicitaciones a las hermanas! Mi agradecimiento hacia ellas es de todo corazón. Ahora que se vienen los próximos 100 años, espero que mis nietos y bisnietos también puedan ser acompañados por ellas a lo largo de sus vidas.
Estoy infinitamente agradecida. Las hermanas siempre nos han acompañado y enseñado. Frente a cualquier dificultad, sé que puedo confiar en ellas; tienen los mejores consejos y son grandes educadoras a ejemplo de María.
Pertenecer a Schoenstatt y conocer a las hermanas que han ido a Curicó ha sido una alegría inmensa. Es un honor acompañarlas en este momento. Conocerlas y estar aquí hoy ha sido un verdadero regalo.
Quiero agradecer a las hermanas por su entrega constante. Fue una celebración muy linda, comenzando por el gran regalo del cielo que nos regaló un día maravilloso. Ahora nos toca mirar al futuro en todo lo que seguirán haciendo y entregándonos.
Quiero agradecer a las hermanas. Este es un lugar donde el cielo toca la tierra. Gracias también por todo lo que nos han dado estos años en el movimiento: su formación, su carisma de Schoenstatt y una espiritualidad que llega al fondo del corazón.
Siento una gratitud muy grande por todo lo que nos han entregado, por la formación, por lo que nos regalan también en el movimiento y en el colegio. En lo personal, por la cercanía y el cariño que siempre han tenido.
El día ha sido maravilloso; Dios y la Mater nos premiaron con un día increíble de auténtica familia. Espero que las hermanas sigan por muchos años más sembrando semillas en el corazón de tantos y dejando huella en cada ciudad donde están.
Siento una gratitud enorme por toda su historia hasta aquí; hay que disfrutar esta bendición y guardarla en el corazón. Ellas han sido un pilar y eso se valora y se vive. Ahora miramos hacia los próximos 100 años.
Es impresionante cómo son ellas con nosotros cuando venimos, cuando estamos aquí. Nos ayudan a conocer mucho más a la Virgen. Es impresionante estar hoy aquí compartiendo con personas diferentes, es impagable. Las hermanas hacen todo para que siempre estemos unidas a la Virgen.
Es algo que de verdad se vive en el ambiente: se siente el cielo aquí. Somos privilegiados por el trabajo constante de las hermanas y por su apoyo incondicional, tanto en Viña como en todo el mundo. ¡Muchas felicitaciones para ellas!
Quiero agradecer a las hermanas por su entrega desinteresada y el cariño con el que hacen cada cosa. A nosotros nos cambiaron la vida en el Colegio Mariano: aunque ya somos exapoderados, seguimos participando en el movimiento por el enorme cariño que les tenemos.
Más voces de gratitud
Las hermanas son la presencia del Schoenstatt Vivo. Ustedes han formado mi personalidad, muchas veces con firmeza, pero siempre con respeto y ternura. Mi vida ha sido más feliz gracias a ustedes. Siempre me han sostenido en mis peores momentos con su oración.
Ustedes han hecho de mí una mejor mujer con su ejemplo de dignidad, austeridad y preocupación por hacer las cosas bien a la primera, infundiendo alegría incluso en los días en que la dificultad gana.
Es imposible no agradecer su vocación y la fidelidad a nuestra familia. Ustedes han sido un regalo. Nos han impulsado a ser mejores personas y a nunca dejar de mirar a Dios y a nuestra Mater como faro de la familia que hemos formado.
Gracias por educarnos, escucharnos y muchas veces mostrarnos un camino que no habíamos visto. Gracias por regalarnos Schoenstatt cada vez que nuestras vidas se cruzan. Gracias por estos años de vocación y entrega, y por hacer que los niños puedan encontrarse con Dios a través de ustedes.
Gracias por estos 100 años de misión, entrega, fidelidad y amor, por ser instrumentos fieles de la obra que Dios quiso realizar a través del Padre y por entregarse generosamente al servicio de María y de todos sus hijos.
Gracias por mostrarnos, con sus vidas, la grandeza que nace de la humildad, la ternura de la maternidad y la fidelidad al amor de Dios. Que cada una de ustedes siga siendo siempre un hermoso reflejo e imagen de María.
Que la Reina se siga coronando en ustedes, las siga cobijando bajo su manto, bendiciendo su vocación y regalándoles muchos años más para continuar esta hermosa misión. ¡Felices 100 años, queridas Hermanas, con todo nuestro cariño, admiración y gratitud!
Que este centenario sea una ocasión para agradecer a Dios por tantos años de entrega, servicio y fidelidad, y para renovar con esperanza el camino que tienen por delante, siempre de la mano de la Mater.
Que muchas jóvenes escuchen el llamado de Jesús, para que la comunidad de las hermanas de Schoenstatt crezca con muchas y santas vocaciones. En este día inolvidable, un recuerdo especial para tantas hermanas que han partido al encuentro con el Padre.
Queridas Hermanas, en este día de su celebración jubilar, me uno a cada una para dar gracias al Señor y a la Mater por el regalo de su vocación en medio de nuestra Familia de Schoenstatt. Hoy pido por cada una, sus intenciones y toda su Comunidad.
Queremos decirles GRACIAS a todas, también a las que no hemos nombrado por su nombre, pero que están grabadas en el Corazón de Schoenstatt y en nuestro corazón. Gracias a cada una: a la que reza escondida, trabaja, acompaña, sirve y sostiene con su oración.
Se respira un aire distinto... un aire de alegría, de familia, de bendición. Se nota que la Mater está pasando y preparando su casa. Que cada detalle que preparamos con tanto amor les diga lo mucho que las queremos y agradecemos su sí.
Ustedes son el corazón orante de Schoenstatt. Sin ustedes, sin su Alianza vivida cada día, esta Obra no sería la misma. ¡Gracias por ser de María y ser del todo de Schoenstatt!
En este hermoso día de Júbilo, enviamos un saludo afectuoso, con respeto y admiración a nuestras hermanas de María, quienes han sido las sembradoras sin descanso del legado de nuestro Fundador. Gracias Señor, gracias Mater, por su vocación y su vida de entrega.
Han estado presentes las Hermanas de María en mi vida, en casi la mitad de mi vida y agradezco a Dios y a nuestra MTA por ellas porque me han conducido por esta ruta, del Padre Fundador.
Gracias a todas las Hermanas, por todo el amor, detalles y dedicación puestos en la celebración de los 100 años. Sin dudar, son un regalo en la vida de tantas personas y generaciones, el intermedio en que la Matercita se hace presente en nuestras vidas.
Si hoy nuestro Padre y Fundador pudiera contemplar junto a toda la Familia de Schoenstatt estos cien años de vida de las Hermanas de María, quizás su corazón se llenaría de gratitud y podría decirnos: ‘¡Valió la pena!’. Hoy nosotros queremos unirnos a ese Magníficat y decir: gracias.
Gracias por estos 100 años de bendiciones, por tanta entrega, por miles de oraciones y horas frente al Señor, por cada Santuario conquistado, por las tinajas llenas, por cada persona acogida y por cada corazón que encontró un hogar.
Quisiera mandar todo mi cariño y gratitud a todas las Hermanas de Schoenstatt, a quienes les debo y les debemos mucho. Gracias a su fe y generosidad, el Padre Kentenich trajo su movimiento a Chile, y desde entonces, somos millones quienes hemos recibido su pedagogía y un cariño inigualable.
